lunes, 16 de octubre de 2017

Pegamento quirúrgico sella las heridas en 60 segundos sin puntos

Un equipo de científicos de distintas universidades y centros de investigación ha desarrollado un material rico en proteínas capaz de unir lesiones en la piel y en órganos.
 
 
Hasta ahora, la idea de tener una capa de pegamento sobre la piel solo podía interpretarse como una molestia o, incluso, un problema, grave según el tipo de adhesivo. Pero el producto concebido por un equipo internacional de investigadores da un giro a esta idea: se trata de un pegamento quirúrgico que podría sustituir a las dolorosas y molestas suturas.
 
La sustancia, que puede utilizarse para sellar heridas en la piel o en los órganos, es en realidad un gel rico en una proteína elástica —una tropoelastina modificada—. Esta molécula, a la que debe el nombre de MeTro, actúa como adhesivo y favorece la cicatrización para después ser absorbida por el organismo sin producir ningún efecto perjudicial.
 
Los responsables del pegamento, entre los que se encuentran científicos del MIT y de la Universidad de Harvard, describen sus propiedades en un artículo publicado en ‘Science Translational Medicine’. La sustancia se comporta como un líquido hasta que entra en contacto con los tejidos, cuando se solidifica para formar el gel. Después, se aplica luz ultravioleta para asegurar la unión.
 
Una de sus características más sorprendentes es la velocidad con la que actúa: solo necesita 60 segundos para que ambas partes de una incisión queden unidas. Los investigadores aseguran que su aplicación requiere la mitad de tiempo que las suturas habituales y que facilita el cierre de las heridas en las operaciones.
 
Aunque el pegamento aún no se ha probado en humanos, los ensayos comenzarán pronto. De momento, ya han validado su efectividad para sellar las arterias de roedores y lesiones en los pulmones de cerdos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

En la dieta, tan importante como qué comes es cuándo te lo comes

Una reciente investigación confirma que cenar poco antes de irte a la cama puede hacerte ganar peso. Sin embargo, es tu reloj biológico el que marca cuándo es demasiado tarde para comer.
 
 
 
Comer demasiado o tener una dieta rica en grasas y azúcares engorda. A nadie le cabe duda a estas alturas de que el tipo de alimentos que se lleva a la boca afectan a su peso y a su estado de salud en general. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que no basta con seleccionar los productos adecuados, sino que, además, hay que planificar bien los horarios de las comidas para mantener a raya a los michelines.
 
El trabajo, publicado en 'The American Journal of Clinical Nutrition', demuestra que cenar demasiado tarde está asociado a un mayor porcentaje de grasa corporal. Pero también sugiere que estos efectos no dependen de la hora del día, sino que es nuestro reloj biológico el que determina cuándo es demasiado tarde.
 
Sus autores analizaron los hábitos de alimentación y la hora de acostarse de más de un centenar de jóvenes. Asimismo, tuvieron en cuenta el momento a partir del cual comenzaban a segregar melatonina, la hormona del sueño, que determina los ritmos circadianos -en otras palabras: pone en hora el reloj biológico del organismo-.
 
Los resultados mostraron que aquellas personas con mayor porcentaje de grasa corporal tomaban la mayoría de sus calorías poco antes de irse a la cama, cuando los niveles de melatonina están altos. Sin embargo, no encontraron una relación directa entre cenar tarde y ganar peso. En realidad, es el momento en que ingieres los alimentos por la noche, de acuerdo a tu reloj biológico, el que influye en cómo le sentarán a tu cuerpo.
 
Es cierto que el trabajo tiene algunas limitaciones, como que los participantes podrían haber cambiado sus hábitos dietéticos, y hacen falta nuevos estudios para confirmar sus conclusiones. No obstante, según los investigadores, los hallazgos demuestran que cuándo comes es tan importante como qué comes.

martes, 26 de septiembre de 2017

Este nuevo aluminio es tan ligero que incluso flota en el agua

El químico Alexander Boldyrev de la Universidad Estatal de Utah, junto con Iliya Getmanskii, Vitaliy Koval, Rusian Minyaev y Vladimir Minkin de la Universidad Federal del Sur en Rostov-on Don, en Rusia, han modelado, aún desde un ordenador, una reestructura del aluminio que lo tornaría tan ligero que incluso podría flotar en el agua.
 
Los cálculos del equipo confirmaron que esta estructura es una forma nueva, metaestable y ligera de aluminio cristal.

Nuevo material

El nuevo material tiene una densidad de sólo 0,61 gramos por centímetro cúbico, en contraste con la densidad del aluminio convencional de 2,7 gramos por centímetro cúbico. Según explica Boldyrev a propósito de su desarrollo:
Empezaron con una rejilla cristalina conocida, en este caso, un diamante, y sustituyeron cada átomo de carbono con un tetraedro de aluminio. Eso significa que la nueva forma cristalizada flotará en el agua, que tiene una densidad de un gramo por centímetro cúbico. Los vuelos espaciales, la medicina, el cableado y piezas de automoción más ligeras y más eficientes en el consumo de combustible son algunas aplicaciones que vienen a la mente.

martes, 12 de septiembre de 2017

Volvemos a plantearnos nuestra propia evolución

El descubrimiento de huellas humanas de 5,7 millones de años en Creta (Grecia), publicado Proceedings of the Geologists Association por un equipo internacional de investigadores, han convertido los orígenes del linaje humano en un caso más complejo de lo que creíamos.
 
 
Hasta ahora, todo indicaba que nuestros orígenes estaba en África desde el descubrimiento de los fósiles de Australopithecus en África del Sur y del Este hace 60 años.

Orígenes mediterráneos

Hasta ahora se había establecido que los homínidos (primeros miembros del linaje humano) sólo se originaron en África, y permanecieron allí aislados durante varios millones de años antes de dispersarse a Europa y Asia.
 
Este nuevo hallazgo de huellas de casi seis millones de años en el que ha participado, entre otros, la Universidad de Uppsala (Suecia), derriba esta imagen.
 
Las nuevas huellas de Trachilos, en Creta occidental, tienen una forma inconfundiblemente humana. Con alrededor de 5,7 millones de años, son más jóvenes que el homínido fósil más antiguo conocido, Sahelanthropus de Chad, y contemporáneo con Orrorin de Kenia, pero más de un millón de años más viejas que Ardipithecus ramidus con sus pies parecidos a los simios.
 
 
Durante el tiempo en que se hicieron las huellas de Trachilos, período conocido como Mioceno tardío, el Desierto del Sáhara no existía. Tal y como explica Per Ahlberg, de la Universidad de Uppsala, y último autor del estudio:
Este descubrimiento desafía la narrativa establecida de la evolución humana temprana y es probable que genere mucho debate. Si la comunidad de investigación del origen humano aceptará huellas fósiles como evidencia concluyente de la presencia de homininos en el Mioceno de Creta sigue siendo algo por ver.
En aquella época, Creta aún no se había separado de la parte continental griega, así pues no cuesta imaginar cómo los primeros homínidos podrían haber vivido a través de Europa sudoriental, dejando sus huellas en el Mediterráneo. 

lunes, 7 de agosto de 2017

Es una mala idea soplar las velas el día de tu cumpleaños

Tienes ahí delante el puñado de velas ardiendo. Cierras los ojos. Pideos un deseo. Y fiuuu... soplas con fuerza para apagar aquel pequeño incendio que consigna un guarismo más a tu edad. Sin embargo, lo que acabas de hacer, si bien se ha convertido en una tradición arraigada, no es demasiado inteligente.
 
De hecho, es una mala idea. No tanto para ti como para tus invitados. En sus respectivas porciones de tarta, van a encontrar 14 veces más bacterias de lo normal por tu culpa.
 
Bacterias en el pastel
 
Una nueva investigación realizada por Paul Dawson, un investigador de la Clemson University, en Carolina del Sur, es la responsable de quitarle cierta magia a la costumbre de soplar velas el día de tu cumpleaños (y cualquier otro día, en realidad).
 
Para medir cómo soplar las velas producía este efecto y en qué medida, en el estudio se selección un grupo de sujetos que comieron diversos alimentos arquetípicos de una fiesta de cumpleaños a fin para estimular sus glándulas salivales y, a continuación, tuvieron que soplar las velas de la tarta.
 
El propio Dawson advierte que la boca de cualquier persona está llena de microorganismos aunque, afortunadamente, la mayoría de ellos no son dañinos. De cualquier forma sus resultados revelan que la práctica de soplar las velas en un cumpleaños puede servir para contagiar resfriados y dolencias similares entre los niños.
 
Naturalmente, siguiendo esta lógica, tampoco es muy saludable soplar en una herida para evitar el picor, así como [muchas otras actividades cotidianas que no parecen asquerosas pero que sí lo son](Para medir cómo soplar las velas producía este efecto y en qué medida, en el estudio se selección un grupo de sujetos que comieron diversos alimentos arquetípicos de una fiesta de cumpleaños a fin para estimular sus glándulas salivales).

martes, 1 de agosto de 2017

El aceite de coco NO es tan saludable como quieren vendernos.

Hasta hace poco, el aceite de coco era otro alimento de moda vinculado con la salud, una suerte de superalimento al que todo el mundo convenía. Una reputación que, sin embargo, empezó a flaquear hace unos días debido a un informe de la American Heart Association que revisaba los daños para la salud de las grasas saturadas y que instaba a reducir su consumo.
 
¿Qué tenía esto que ver con el aceite de coco? Pues que éste se incluyó en la lista de aliementos con grasas inslubres. El aceite de coco tiene más grasa saturada que la mantequilla o manteca de cerdo, tal y como señaló un estudio, y otros estudios han demostrado que aumenta el colesterol.

lunes, 31 de julio de 2017

No hay que llenar la jarra de tu cerveza hasta el borde

A pesar de que en un sentido puramente crematístico (y quizá también etílico), todos queramos que el camarero apure al máximo al servirnos una cerveza, casi hasta que la misma está a punto de rebosar por el borde, aunque lo cierto es que a efectos de su sabor no estamos optando por la medida más inteligente.

En prácticamente todos los bares, las jarras de cerveza se sirven hasta el borde, incluso hasta el punto de que la espuma rebosa y debe atajarse con un varilla. Sin embargo, esta forma de servir cerveza, si bien es tradicional y muy vistosa, no es la mejor manera.
 
Porque el sabor de los alimentos que ingerimos no se capta únicamente con la lengua, sino por la nariz. De hecho, se capta más por la nariz que por la lengua. En 2007, Malika Auvray y Charles Spence publicaron un artículo en el que señalaban que, si sentimos que algo tiene un olor fuerte mientras lo comemos, el cerebro tiende a interpretarlo como un sabor, en vez de como un olor.
Basta con taparse la nariz mientras se come para darse cuenta de su importancia. Podéis llevar a cabo este sencillo experimento con una copa de vino (o con chocolate de mesa o incluso café o té) para descubrir cómo muchas de las facetas que aportan los alimentos tienen que ver con el olfato.
 
Sabor ortonasal
 
El problema es que si se sirve la jarra hasta el borde no hay espacio para donde se concentren los aromas de la bebida, y al beber (e introducir un poco nuestra nariz en la jarra) podamos aprovechar el llamado "aroma ortonasal" para que el sabor resulte más intenso.
 
Con todo, algunos fabricantes están buscando soluciones para ello, y no solo en las jarras de cerveza, sino en latas de refresco, y hasta en los nuevos vasos de cartón o plastico para el café que también se tapan, tal y como explica Charles Spence en su libro Gastrofísica: "Entre ellas están cambiar la forma de la tapa y añadirle otra abertura para que el amante del café (o del té) pueda oler el aroma de su bebida favorita mientras bebe".
 
En lo tocante a las latas de refresco, la empresa Crown Packaging ha diseñado una cuya parte superior se desprende totalmente para que el olor retronasal intervenga en la degustación del consumidor.
 
Pero vayamos a la cerveza, posiblemente el problema de diseño más ubicuo y persistente. Lo lógico sería tomar el ejemplo del vano de vino, que jamás se llena hasta el borde, más bien al contrario, y se opta por recipientes anchos en los que poder introducir la nariz cuando se bebe. De hecho, cuanto mejor es el vino, más grande es la proporción de la copa que se deja vacía.
 
Tal vez parezca una medida exagerada, porque las cervezas suelen tomarse en mayor cantidad que el vino, y una vez tomado los primeros tragos, entonces ya quedará espacio vacío en la jarra para que intervenga el sabor ortonasal.
 
Sin embargo, esto no es del todo cierto, como explica Spence: "Tengamos presente, sin embargo, que la mayoría de las veces el olfateo inicial determinará las expectativas sobre lo que suceda después. Son estas expectativas las que "fijan" la experiencia de degustar porque influyen en ella de una manera desproporcionada".
 
Para evitar la sensación de que nos están timando cuando nos sirvan una jarra medio vacía, una opción alternativa sería regresar al diseño de las jarras de cerveza antiguas, que llevaban una tapa para proteger los gases liberados desde la superficie de la cerveza, tal y como lo presenta Henry T Fincks en 'The Gastronomic Value of Odours', en Contemporary Review (julio–diciembre de 1886), uno de los primeros estudios sobre la relación entre el sabor y el olor. Una opción que tiene mucho más sentido ahora que empiezan a ponerse de moda las cervezas artesanales y ya no nos conformamos con garrafón.