miércoles, 18 de enero de 2017

Los cinco niveles del coche autónomo: en 2017 llegaremos al tercero

En unos años tendremos en las carreteras coches sin conductor, pero hasta que esto pase aún queda tiempo. De momento la evolución de esta tecnología va a pasitos: en concreto se han establecido cinco niveles crecientes de autonomía, y vamos a llegar al tercero.
 
 
 
Cuando en 2010 aparecieron las primeras informaciones detalladas sobre el coche sin conductor de Google, la tecnología parecía cosa de ciencia ficción. Hoy los principales fabricantes de coches han revelado planes para lanzar coches autónomos. Pero esto no quiere decir que la tecnología vaya a llegar de golpe y sustituya de un plumazo a los vehículos tradicionales.
 
De hecho, sobre la autonomía de los coches se han establecido cinco niveles. La clasificación proviene de la SAE, una asociación estadounidense pero de vocación internacional que agrupa a profesionales de la automoción.
 
Los coches autónomos empiezan a partir del nivel 1, de forma que por debajo, en el nivel 0, quedan todos los vehículos tradicionales, donde el conductor está a cargo de todas las tareas. El primer nivel tampoco es nada del otro mundo: solo algunas funciones, como la aceleración, están automatizadas, pero nunca dos funciones a la vez. Es decir, a esta categoría pertenecen los automóviles con control de velocidad de crucero.
 
El nivel 2 ya es más sofisticado. Tanto el volante como el pedal del acelerador están automatizados. El coche mantiene su carril haciendo los giros correspondientes cuando llega una curva. El conductor podría permanecer sin sujetar el volante ni pisar el pedal, pero debe supervisar en todo momento la conducción. Incluso la frenada también se controla si es necesario. Por el momento Tesla es la única marca que ofrece este software en sus coches comerciales con su piloto.
 
Lo siguiente es el nivel 3, en el que el coche puede decidir hacer un adelantamiento. Todas las funciones están automatizadas, pero el conductor tiene que estar pendiente por si se produce una situación que requiera de su intervención. Este año Intel y BMW han anunciado que crearán vehículos con esta categoría, y teniendo en cuenta la tecnología que se está probando parece un objetivo bastante viable.
 
Algo más lejos queda el nivel 4, en el que el coche podría resolver cualquier situación en la carretera siempre que se encuentre en un entorno controlado, como un campus o una ciudad, es decir, algo plenamente mapeado.
 
Aquí todas sus funciones críticas están automatizadas: estaríamos ante un coche que se puede conducir solo, pero aun así necesitaría que fuera un conductor a bordo, aunque pueda estar consultando su teléfono. Algunos fabricantes, como Volvo o Ford, han optado por pasar del nivel 2 directamente al 4, pero esta tecnología requiere una complejidad mucho mayor.
 
El nivel 5 es el último y ya lo hemos visto en algunas películas de ciencia ficción, o en algunas series, como el coche fantástico. En este caso el vehículo puede conducirse él solito en cualquier situación y en cualquier lugar: sería un automóvil que viajaría sin conductor hasta que recogiera a una persona, ya fuera su dueño o un pasajero.

miércoles, 11 de enero de 2017

Este material impreso en 3D es 10 veces más duro que el acero

 
10 veces más dura que el acero y 20 veces más ligera que el mismo, así es como se puede describir esta nueva estructura de grafeno impresa en 3D que ha sido concebida por el ingeniero Zhao Qin y su equipo del MIT.
 

 
En su estrucura, como de colmena, reside el secreto de su poder, más que en el propio material, que tiene una molécula de grosor. A continuación podéis ver un vídeo en el que se prueba sus capacidades:
 
 
El material es una de las pocas aplicaciones reales que se ha logrado hacer del grafeno: las aplicaciones del grafeno todavía son tan novedosas que aún no podemos comprar ningún objeto que lo use.
 
El grafeno es una sustancia formada por carbono puro, con átomos dispuestos en un patrón regular hexagonal similar al grafito, pero en una hoja de un átomo de espesor, lo que permite que sea extremadamente ligero: una lámina de 1 metro cuadrado pesa tan sólo 0,77 miligramos.

Estas bolsas de “plástico vegetal” se disuelven en agua caliente

 
Las contaminantes bolsas de plástico podrían llegar a su fin grancias a las Avani Eco Bags, unas bolsas que parecen de plástico pero que en realidad están fabricadas con fibras vegetales de yuca y resina natural.
 
Son biodegradables, no son tóxicas y sirven como abono. Todo este proceso ocurre en pocos meses: sin dejar residuos. Sin embargo, si se ponen en agua caliente a unos 80 ºC de temperatura, nos podemos deshacer de ellas rápidamente.


Pudiéramos pensar que estas bolsas no son tan resistentes como las convencionales, pero según su fabricante nos equivocamos, lo que sin duda es otro claro aliciente para dejar atrás las bolsas fabricadas de plástico basado en petróleo.
 
Avani es una empresa social basada en Bali, Indonesia, el epicentro de la batalla contra los residuos de plástico.

Descubren que un medicamento para el Alzheimer regenera los dientes

Un equipo científico de King College de Londres descubre que el Tideglusib, un fármaco para el Alzheimer, regenera los dientes, con lo cual no sería necesario el uso de empastes.
 
Los investigadores identificaron que el fármaco puede regenerar los dientes desde adentro hacia afuera, posiblemente reduciendo la necesidad de aplicar empastes en caso de caries, por ejemplo.
 
El Tideglusib fue utilizado previamente en ensayos clínicos de Alzheimer, y ahora parece mejorar la capacidad natural del diente para curarse a sí mismo.
 
 
 
El medicamento en cuestión activa las células madre del centro de la pulpa del diente, lo que hace que la zona dañada regenere la dentina, material que recubre la pieza.
 
Precisamente el hecho de que el fármaco haya pasado varias fases de ensayos clínicos para su validación por parte de las agencias sanitarias haría posible su pronta comercialización y uso en las clínicas dentales.

Cuatro trucos para aumentar tu productividad de forma inmediata

Puedes hacer pequeños –y baratos– cambios en tu entorno laboral para dejar de ser una lacra en la cadena de producción y aumentar de una vez por todas tu capacidad de concentración.
 
Si sigues estos consejos evitarás esas comunes y numerosas distracciones responsables de que parezca que tu segundero tarda horas en marcar el paso de un nuevo minuto.
 
 
 
1. Enciende una lamparita
Seguramente si te pedimos que visualices un entorno de trabajo organizado, productivo y eficaz, te venga a la cabeza una empresa japonesa. En tal caso, qué menos que hacer caso de un estudio realizado en el el país nipón según el cual incluir una iluminación ambiental directa en nuestra área de trabajo incrementa nuestro nivel de concentración en un 5%, muy por encima del uso compartido de halógenos o luces fluorescentes.
Cuando te hagas con un buen flexo y empieces a notar los efectos positivos de ese foco de ideas, podrás decir aquello de ‘se hizo la luz’.
 
2. Ponte música (pero no cualquiera)
Si normalmente hay discusiones por la temperatura del aire acondicionado, peores son las que se lían cuando la cosa va de poner música para que la escuche toda la oficina a la vez. Buenas noticias: por fin se acabó la eterna bronca de la que siempre suelen salir escaldados los seguidores de Camela y demás magos de la tecno-rumba, porque la ciencia ha encontrado el género ideal para que todos permanezcáis concentrados en vuestras tareas.
 
Un grupo de investigadores de la Universidad de Cornell realizó el pasado año un experimento para averiguar cuál es la influencia de la música en el ambiente laboral, llegando a la conclusión de que las personas que trabajaban con música alegre y rítmica –en particular, lo notaron con canciones como 'Walking on sunshine' de Katrina and The Waves, 'Brown eyed girl' de Van Morrison o el 'Yellow submarine', de Los Beatles– eran más propensas a cooperar con los compañeros y a tener un mejor estado de ánimo durante la jornada laboral.
 
3. Abrígate
¿Te pone nerviosa la gente que siempre tiene una chaquetilla o ropa de abrigo extra y que mantiene perennemente apoyada sobre el respaldo de su asiento? Pues resulta que es una medida de lo más inteligente.
 
Resulta que las sensaciones térmicas desagradables pueden afectar a la calidad de nuestro trabajo, empeorándolo a pasos agigantados. Para dar veracidad a lo que parece una excusa generalizada que surge contra el frío o el calor de forma indistinta, otro grupo de investigadores japoneses se puso manos a la obra hasta que encontraron que las personas que no están a gusto con la temperatura ambiente tienen bastantes menos probabilidades de finiquitar sus tareas durante la jornada que quienes se sentían cómodos.
Así, tanto estar helados como achicharrarnos puede distraernos y hacernos sentir incómodos, provocándonos esos dolores de cabeza y malestar muscular que siempre se traducen en el clásico pensamiento de ‘me quiero ir a casa’ derivado de las quejas constantes ‘buf, qué frío hace con el aire acondicionado’ o ‘santo Dios, qué calor con el sol dando toda la tarde en la ventana’. Basta de drama y hazte con un arsenal de prendas y accesorios que te ayuden a adaptarte a las condiciones climatológicas.
 
4. Pon una planta en tu mesa
Espera, que puede que te estés equivocando con esto: cuando decimos 'pon una planta en tu mesa' no hablamos de la clásica recomendación de ‘coloca un cactus junto a la pantalla para que se coma la radiación que emite el ordenador y no te llegue a ti’. Aquello era un mito como la copa de un pino, valga la comparativa vegetal. Sin embargo, algo positivo tenía aquel consejo en términos de productividad.
 
Al parecer, añadir algo de vegetación a nuestra mesa de trabajo puede ayudarnos a aumentar nuestra capacidad de concentración. Y ojo, que ni siquiera tiene por qué estar viva: según un estudio elaborado por investigadores de Michigan, observar naturaleza –ya sea una bonita planta de interior o una ristra de imágenes 'random' de Google– evita las distracciones durante la jornada laboral y fomenta la productividad. De ahora en adelante, menos gifs de gatitos y más bosques frondosos.

martes, 3 de enero de 2017

Lo próximo: sensores para tragar

Sensores y cámaras en lugar de vitaminas. Varias propuestas llevan a tu interior pequeños 'médicos' informáticos para chequearte sin que lo notes.

Vista desde fuera parece a todas luces una sencilla píldora multivitamínica. Pero en su interior no transporta ni hierro, ni calcio, ni ácido ascórbico, ni magnesio, ni tampoco ácido fólico.

En lugar de eso, esta cápsula de silicona contiene un minúsculo micrófono, una maraña de circuitos electrónicos y varios emisores de señales inalámbricas. Juntos configuran un diminuto pero preciso sensor tragable capaz de medir el pulso cardíaco, la frecuencia respiratoria y la temperatura... y todo desde la panza.

Todas estas mediciones podrán hacerse mientras la píldora da vueltas en el interior del estómago o a su paso por el largo intestino, tal y como explicaban en 'PLOS One' los ingenieros del Instituto tecnológico de Massachusetts que lo han diseñado. Para evitar errores, el sensor es capaz de discernir e ignorar ruidos corporales -como el sonido de las propias tripas al digerir la comida-.

Gregory Ciccarelli, responsable del ingenio, cree que podría ser muy útil en la evaluación a largo plazo de pacientes con enfermedades crónicas, para mejorar el entrenamiento de atletas profesionales o para monitorizar las constantes vitales de personas en situaciones de peligro, como soldados y astronautas.

Aplicaciones para control de medicación y el sistema digestivo

En el efervescente Silicon Valley, la empresa Proteus Biomedical ha dado un paso más allá en medicina digital. Sus comprimidos tragables pretenden solucionar uno de los principales quebraderos de cabeza provoca a los epidemiólogos la Organización Mundial de la Salud: que el 50% de los enfermos crónicos, sobre todo con cardiopatías, diabetes e hipertensión, no toman adecuadamente su medicación. Y eso suele conducir a problemas de salud e ingresos hospitalarios que se podrían controlar siguiendo las prescripciones médicas a rajatabla.

Para ello han diseñado unos sensores ingeribles que mandan información a un parche colocado sobre la piel. Los datos recabados son reenviados al móvil del paciente y a un portal online al que accede su médico. De este modo, el enfermo sabe en todo momento qué pastillas ha tomado, y si ha cometido algún descuido. A la vez que sus doctores pueden detectar si hay errores en la toma de la medicación que puedan afectar a la salud de su paciente.

Científicos australianos han ideado otra aplicación de esta tecnología. Encapsulando sensores de gas en cápsulas tragables con microprocesadores que analizan los gases el intestino y ayudan al diagnóstico de enfermedades gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable o el cáncer de colon.

¿Y si en lugar de sensores minúsculos nos llevásemos al gaznate videocámaras? Pues probablemente podríamos poner fin a las molestas e intrusivas endoscopias y colonoscopias que se usan para diagnosticar trastornos y tumores digestivos.

Sin ir más lejos, ingenieros de la Universidad de Glasgow acaban de desarrollar un completo equipo de grabación encapsulado e ingerible, con luz fluorescente, que permite diagnosticar fácilmente cánceres de garganta o de estómago. Un invento que se suma a la PillCam Colon que aprobó hace dos años en EE UU la FDA (siglas de Administración de Alimentos y Medicamentos) para diagnosticar los tumores del intestino grueso sin necesidad de introducir un tubo por el ano del paciente.

Esta tecnología permite ‘editar’ el ADN (también en humanos)

Durante muchos años los investigadores han intentado encontrar una forma eficaz y segura de modificar el ADN que pudiera utilizarse como terapia contra enfermedades genéticas. Parece que la hemos encontrado.

Uno de los grandes objetivos de los genetistas es poder ‘arreglar’ la parte del ADN que esté defectuoso en una enfermedad genética. Y, para hacerlo más difícil, el gran reto hasta ahora era que fuera viable 'in vivo' con total seguridad en humanos, ya que no queremos tocar el ADN donde no debemos y producir males mayores.

Pues bien, lo que parecía imposible está cada vez más cerca, y todo gracias a CRISPR, nacido del trabajo de investigadores como el del español Francis Mojica. Se trata de una herramienta para hacer una especie de ‘corta y pega’ genético que ha supuesto una revolución. El motivo: actúa en el sitio exacto, y lo hace de manera sencilla y eficiente.

Sin embargo, no es algo que haya sido diseñado por investigadores: el mecanismo utilizado en realidad ya existía en la naturaleza. La maquinaria utilizada la encontramos en bacterias y arqueas que, como seres unicelulares que son, no tienen la suerte de contar con un ejército amplio y variado de células defensivas como nosotros. Alternativamente, cuentan con otros mecanismos para protegerse de los virus -sí, ellas también los sufren, aunque son virus diferentes a los nuestros-, y uno de los métodos es precisamente la base de CRISPR.

 
El proceso es el siguiente: el virus introduce en la bacteria su ADN, infectándola. La bacteria detecta el ADN como extraño y utiliza unas ‘tijeras’ que lo cortan por una zona pequeña y extrae un fragmento. Este fragmento, característico del virus (como si fuera un código de barras), es almacenado por la bacteria dentro de la región de su genoma que se llama CRISPR.

El nombre es un acrónimo que viene del inglés (‘Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats’) y hace referencia a que contiene pequeñas repeticiones muy particulares que separan cada trocito de código almacenado. Es decir, CRISPR tiene una estructura formada por: repetición + código del virus 1 + repetición + código virus 2 + repetición + … Y así sucesivamente. Un archivador en toda regla.

¿Para qué hace esta recopilación de códigos? Porque tiene una maquinaria alucinante -lo que nos interesa a nosotros para aplicación médica- que coge la copia de uno de los códigos en otro formato, el ARN, y lo utiliza para rastrear el posible ADN invasor ‘escaneándolo’. Así, si encuentra el código en la secuencia quiere decir que proviene de un enemigo y la máquina realiza cortes que inactivan ese ADN. De esta manera, se acaba con la infección, ya que el virus -u otro tipo de material extraño- queda inútil.

Primer tratamiento en humanos

Probablemente ahora pensarás ‘¿y esto para qué nos sirve?’. Si recapitulamos, tenemos un sistema con el que cortar el ADN en un sitio muy concreto en función de un código previo que se le da a esta maquinaria. Por tanto, si tenemos una enfermedad cuyo responsable es un gen y sabemos que modificándolo o incluso bloqueándolo podemos revertir o mejorar el grado de la enfermedad, podríamos darle las instrucciones precisas a esta maquinaria para mandarla directamente a dicho gen.

Un ejemplo claro es el primer ensayo clínico en humanos que se está realizando en China para el tratamiento del cáncer. En él se cogen células del sistema inmunitario del paciente, linfocitos T, y se modifican con CRISPR 'in vitro' para que como resultado ataquen a las células cancerosas una vez reintroducidos en el paciente. En este caso, la maquinaria de CRISPR se dirige a la inactivación de un gen del que se obtiene la proteína PD-1.

¿Por qué es bueno en este caso que un gen deje de funcionar? Resulta que PD-1 está en la superficie del linfocito y se activa con las células amigas (las nuestras) para frenar el ataque, un poco como izar la bandera blanca. El problema en el cáncer es que, como se trata de células de nuestro organismo que de repente no funcionan bien, tienen el mecanismo para activar a PD-1. Es decir, que cuando la célula tumoral se acerca al linfocito, éste se queda parado ante ella porque no es capaz de detectar peligro -en otras palabras, la banderita está ahí-.

Al paciente en cuestión, que tiene cáncer de pulmón metastásico, se le han inyectado linfocitos con PD-1 bloqueado, de manera que cabe esperar un ataque indiscriminado contra las células tumorales. De momento, sólo hay un paciente, pero se plantea llegar a un total de diez para este primer ensayo. Ojalá tengamos buenas noticias al respecto en los próximos meses...