viernes, 30 de agosto de 2019

‘Civis romanus sum’



Como los españoles solemos exigir etiquetas simples y necesitamos, además, que éstas sean negras o blancas con ausencia de grises, a veces alguien me pregunta si soy de derechas o izquierdas, o si monárquico o republicano. Lo sueltan así, tal cual, esperando que quieras más a tu papá que a tu mamá, o al contrario. Hay días en los que te pillan cansado, y entonces me limito a responder que no tengo ideología, sino biblioteca. O que soy de derechas o izquierdas según el pie que me pisan. Otras veces, cuando escucho la radio o miro los periódicos y lo que anhelo es que llueva napalm y se vaya todo a tomar por saco, lo que digo es que me gustaría ser jacobino con guillotina incorporada. Chas, chas, chas. Pero la mayor parte de las veces suelo decir la verdad. Que soy republicano, pero con un matiz importante: republicano de la república romana. No confundamos las cosas.
El matiz importa mucho, porque me temo que lo que algunos entienden por república peca de irreal en este país donde la historia no sirve como aprendizaje para el futuro sino como arma arrojadiza para envenenarlo. Ese paraíso idílico del que un pueblo noble y feliz fue arrancado dos veces por cuatro curas, banqueros y generales tiene poco que ver con lo que uno ha escuchado, ha leído e incluso, a cierta edad, ha visto. Además, ¿imaginan ustedes una república cuya autoridad máxima pasara cada cuatro años de mano en mano entre individuos como Aznar, Zapatero, Rajoy, Sánchez, Casado, Abascal, Rivera, Torra, Echenique o Iglesias?… Busquen ustedes entre nuestra clase política, por favor, un presidente de república sereno, culto, prestigioso, honrado, ecuánime y decente. ¿A que no salen nombres? Por eso, como he dicho alguna vez, soy republicano de razón y monárquico por necesidad. Felipe VI me parece una buena persona, muy bien formada e inteligente, que conoce perfectamente su papel y lo ejecuta de modo impecable. Y además, habla idiomas. Puedo equivocarme, naturalmente; pero con él no espero sorpresas ni ambiciones más allá de lo que hay. Está sometido a escrutinio y controlado por leyes que no puede manipular. Si da un resbalón, se cae con todo el equipo. Lo tenemos controlado hasta para saber qué marca de pasta de dientes utiliza.
Todo lo cual me lleva, como les decía, a ese republicanismo romano del que antes hablaba. A esa república del siglo II antes de Cristo, también ideal para mí –cada cual tiene sus irrealidades en la mollera–, que tanto admiré desde que empecé a declinar rosa, rosae, y que lamento haya sido borrada de los planes escolares, pues tal vez con su conocimiento estrecho, con su referencia aunque fuese lejana, nuestra clase política sería menos analfabeta, menos estúpida y más honorable en actitudes y discurso. Me refiero a mi período favorito de la república romana, la época de los Escipiones –con su toque hermanos Graco para darle sal y pimienta popular–, antes de que todo se sumiera en la podredumbre y el caos de las guerras civiles que terminaron con ella: la humanitas de Cicerón como visión del Estado, y la virtus alabada por Salustio –capaz incluso de reconocerla en el criminal Catilina– como regla moral y ciudadana.
Qué ejemplar, por citar sólo ésa, la vida de uno de mis personajes más admirados de entonces, Lucio Emilio Paulo, que tras vencer en la batalla de Pidnia, cuyo botín fue tan enorme que los ciudadanos romanos dejaron de pagar impuestos, sólo se reservó para sí, como trofeo, la biblioteca del derrotado rey Perseo, para que sus hijos tuvieran mejor ilustración. El Lucio Paulo que en vísperas de una batalla hizo explicar qué era un eclipse de luna a sus legionarios para que éstos no se aterrorizaran con el fenómeno que iba a ocurrir en mitad de la lucha. El hombre que, al recibir Italia a un millar de griegos como rehenes, escogió entre ellos, como preceptor para sus hijos, a un culto joven llamado Polibio, que fascinado por el poder mundial de Roma escribiría la primera gran historia de ésta. Lucio Emilio Paulo, en fin: el exitoso militar y político que, tras una vida de triunfos, virtud, dignidad y honor, murió tan pobre como había vivido, y lo que dejó fue tan poco que apenas sirvió para pagar la dote de su segunda esposa.
Qué nutritivas lecciones podrían extraer nuestros analfabetos políticos actuales si mirasen hacia aquel tiempo. Si tuvieran decencia y leyeran, o si adquiriesen alguna decencia leyendo. Cuánto podrían aprender de aquellos personajes y de aquel mundo; cuando Roma aún prefería la libertad, con sus consecuencias, a la tranquilidad y seguridad personal que iban a darle los emperadores y las tiranías que venían de camino.
 
(Escrito por Arturo Pérez-Reverte el 04 de febrero de 2019)

miércoles, 17 de julio de 2019

Ibuprofeno y paracetamol: para qué sirve cada uno y cuándo tienes que tomarlos

El Ibuprofeno y el Paracetamol son unos de los medicamentos más utilizados, con y sin receta, para aliviar dolores y molestias habituales, como los dolores de cabeza, la fiebre o el dolor menstrual. La realidad es que, en muchas ocasiones, no conocemos exactamente la diferencias entre el uno y el otro y los utilizamos un poco indistintamente, o en base a lo que tenemos en casa.
 
Es importante recordar que no deberíamos medicarnos por nuestra cuenta, ya que incluso fármacos como el Ibuprofeno y el Paracetamol tienen contraindicaciones y efectos secundarios, pudiendo provocar sobredosis si se toman de manera abusiva, o si se hace teniendo alguna condición médica que nos produzca vulnerabilidad. Por supuesto, nunca debe darse ninguno de estos medicamentos a niños sin indicación expresa de un médico, ya que estos son mucho más sensibles que los adultos a los efectos de dichos fármacos y pueden traer graves consecuencias.
Dicho esto, es importante que, además de las contraindicaciones del abuso de estos medicamentos, conozcamos cuáles son la diferencias entre ellos y cuál de ellos es mejor utilizar en cada caso.
 

Paracetamol

El Paracetamol puede ser comercializado como Gelocatil, Termalgin, Efferalgan o Lumado, entre otros. Su utilidad es analgésica y aintipirética. Es decir, para el control del dolor y de la fiebre.
El Paracetamol tiene menos contraindicaciones que el Ibuprofeno y no provoca los malestares estomacales que puede provocar el segundo, pero consumido en exceso puede causar problemas en el hígado. Es por eso que está contraindicado en personas con problemas hepáticos o con alcoholismo. Además, las personas con algún tipo de problema renal deben tomar este medicamento con precaución y siempre bajo control médico.
Este medicamento se puede consumir solo, o bien con agua, zumo o leche. No es necesario consumirlo con comida, ya que no provoca tantas molestias estomacales.

Uso del Paracetamol

El Paracetamol actúa bloqueando la generación del impulso doloroso en el sistema periférico. Además, controla la temperatura corporal actuando sobre el centro hipotalámico.
Según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (aemps) se puede utilizar para el alivio o tratamiento del dolor ocasional leve o moderado. Se podría utilizar para el dolor de cabeza, lumbalgia, dolor de huesos y para el control de la fiebre. También se puede utilizar para los malestares causados por la gripe. 

Ibuprofeno

El Ibuprofeno se comercializa también como Neobrufen, Nurofen, Espidifen o Saetil, entre otros. Este medicamento se puede utilizar como analgésico, antipirético (control de la fiebre) o como antiinflamatorio.

Es importante advertir que el Ibuprofeno puede dañar el estómago, y que está contraindicado para personas con problemas estomacales, como úlceras, hemorragias gastrointestinales o colitis. También está contraindicada, o puede suponer problemas, para personas con problemas cardíacos, como insuficiencia cardíaca u otras cardiopatías. Estas personas deben tener especial cuidado a la hora de consumir este medicamento y hacerlo únicamente si se lo ha recetado su doctor, y bajo control médico.
Por sus efectos adversos en el estómago es recomendable consumirlo con comida. 

Uso del Ibuprofeno

En general, este medicamento se utiliza para dolores que impliquen algún tipo de inflamación, debido a sus propiedades antiinflamatorias, o que sean muy agudos como para tratarlos con el Paracetamol.
Su uso estaría indicado para dolores menstruales, dolor dental y de encias, dolor de garganta causado por inflamación, dolor muscular y lesiones como esguinces o torceduras. Además, está recomendado para el tratamiento de la artritis y artrosis y el dolor postoperatorio.
Debido a las cualidades analgésicas y antipiréticas también se puede utilizar para dolores de cabeza y para bajar la fiebre, pero es preferible hacer uso del Paracetamol, que tiene menos riesgo de dañar el estómago, y solo en caso de que el dolor o la fiebre sean demasiado agudos y no desaparezcan con Paracetamol, hacer uso del Ibuprofeno. En algunos casos, el médico podría recomendar combinar ambos medicamentos.
En general, ambos medicamentos pueden ser utilizados para el control del dolor y de la fiebre. Pero el Paracetamol no tiene propiedades antiinflamatorias, por lo que en dolores provocados por inflamación o que cursen con inflamación, sería más recomendable utilizar el Ibuprofeno.
Por el contrario, aunque ambos tienen la capacidad de reducir la fiebre, si esta puede ser controlada con Paracetamol es mejor hacer uso de este medicamento, ya que los efectos secundarios de este son menores.
En cualquier caso, lo recomendable es consultar a un médico que pueda recetarnos el medicamento y la dosis que más se ajuste a nuestras necesidades y que pueda aclararnos todas las dudas que tengamos sobre su uso.
 

martes, 2 de julio de 2019

Los juegos de mesa favorecen nuestras relaciones sociales


Los juegos de mesa, junto con juegos de rol como Magic: The Gathering y Dungeons and Dragons, permiten a los jugadores entrar en un estado controlado de conflicto. El proceso de involucrarse en ese conflicto es divertido, incluso cuando uno pierde, y es probable que el resultado sea diferente cada vez que se juegue.
Incluso en el ajedrez, famoso por su relación con la guerra y la estrategia militar, lo importante no reside en quién gana en última instancia, sino en el ingenio que los jugadores muestran en el proceso. ¿Esto se puede extrapolar de algún modo a nuestra vida cotidiana?
 
Al menos durante en un tiempo, los juegos de mesa permite que los ganadores y perdedores en el mundo real dejen de serlo y cambien sus roles alternativamente. Esto no solo nos permite ver la situación con más perspectiva, sino, como explica la experta en estudios de los medios Mary Flanagan, los juegos de mesa nos solicitan que reflexionemos sobre las reglas y la justicia.
En un juego de mesa no siempre se gana y esto supone trabajar la tolerancia a la frustración. De hecho, también aprende algo de deportividad, a no excederse cuando logre ganar.
Es fácil ver por qué esto tendría un gran atractivo en un clima político profundamente dividido como el actual. No en vano, la versión original de Monopoly fue diseñada como una crítica liberal del capitalismo.
 
Porque otra característica importante de los juegos de mesa es que requieren que varias personas se sienten en la misma habitación y se concentren en una experiencia compartida en tiempo real. Eso es cada vez más raro en un mundo en el que más a menudo vemos a nuestros amigos y seres queridos en las redes sociales que en la vida real.
Un estudio reciente de la Universidad de Baylor en Waco, Texas, y que ha sido publicado en Journal of Marriage and Family, también ha revelado que las parejas románticas liberan oxitocina cuando pasan tiempo juntas en actividades recreativas como los juegos de mesa. Todas las parejas dieron muestras de orina antes y después de sus citas. A partir de estas, los investigadores pudieron medir si los niveles de oxitocina habían cambiado durante el evento y en qué medida.
También hay efectos positivos cuando jugamos con amigos.
Además de todos los beneficios ya enumerados, ayudan al desarrollo de algunos aspectos de la personalidad bien interesantes como la paciencia, la concentración, la capacidad deductiva o la lógica.
Tal vez jugar a juegos de mesa no nos hace necesariamente así en todos los ámbitos de nuestra vida, pero parece bastante evidente que al menos puede tener una incidencia positiva en ello.

lunes, 11 de febrero de 2019

Para un aprendizaje más eficaz, hay que explicarse las cosas a uno mismo

A la hora de aprender, lo más eficaz, por encima de la explicación del profesor, tomar notas u otras técnicas, es explicarse los conceptos a uno mismo, sea escribiendo o hablando en alto.
 
Es lo que señala al menos un metaanálisis de 64 estudios en los que están involucrados más de 6 000 alumnos. 
 

Hablarse a uno mismo

Aunque pudiera parecer propio de personas que les falta algún tornillo, lo cierto es que hablar con uno mismo no solo es frecuente en nuestra vida cotidiana, sino que es positivo: nos ayuda a ser más decisivos y a controlar pensamientos y reacciones cognitivas y emocionales.
 
También cuando hablamos
 
con nosotros mismos nuestros procesos cognitivos mejoran significativamente, lo que se traduce que aprendemos mejor. Cuando estudiamos en voz alta tendemos a recordar mucho más. Cuando repetimos las palabras en voz alta el proceso para internalizar la información parece ser más efectivo.
 
No se trata solo de que escuchemos nuestra voz: al traducir el discurso en palabras habladas tu cerebro tendrá no solo la información de escucharlas sino de producirlas.
 
El proceso de autoexplicación también ayuda al alumno a darse cuenta de lo que no sabe, "para completar la información faltante, controlar la comprensión y modificar las fusiones de información nueva con conocimiento previo cuando se detectan discrepancias o deficiencias", según los autores del metanálisis.
 
Según los resultados, la autoexplicación parecer ser más efectiva que la explicación del profesor (explicación dada por un maestro o material didáctico), pero la explicación del profesor fue mejor que ninguna explicación, lo que sugiere que parte del beneficio de la autoexplicación proviene del contenido (que podría proporcionarse en otro lugar).
 
Con respecto a otros factores, como el momento de la autoexplicación en el proceso de aprendizaje; el tipo de autoexplicación que se obtuvo (como justificar un argumento o explicar un concepto); la naturaleza del material que debe ser aprendido; la materia; y cómo se probó el conocimiento posteriormente; los investigadores encontraron poca evidencia de que alguno de estos factores tuviera relevancia a la hora de explicar los beneficios de la autoexplicación.

martes, 15 de enero de 2019

Los ocho trucos que da la ciencia para dormir mejor (y un consejo definitivo)

 
Muy al principio, la humanidad (que había sido hecha de arcilla y sangre de dioses rebeldes para trabajar como simple mano de obra) se hizo tan numerosa que el ruido de las calles, casas y talleres era insoportable. “El país parecía un toro que bramaba”, se dice en el Atrahasis.
 
Fue entonces cuando Enlil, el señor de los cielos y la tierra, no pudo conciliar el sueño y ordenó que comenzara la plaga. Esa es la historia con la que los antiguos acadios explicaban que todos los males del mundo habían comenzado con el sueño. Con la falta de sueño. ¿Quién puede culparlos?
 
Nuestra forma de entender el sueño habrá cambiado mucho en los últimos 4.000 ó 5.000 años, pero cuando en mitad de una asfixiante noche de verano alguien nos despierta tocando el claxon de su maldito coche, la idea en Enlil suele parecernos incluso moderada. Hoy, como entonces, dormir se ha convertido para muchos en una misión imposible. Hoy nos internamos en la literatura científica para extraer ocho de trucos y un consejo que nos ayuden a dormir mejor.

Dormir elimina las toxinas que se acumulan en el cerebro

 
Un grupo de neurocientífico ha examinad cerebros de ratones conscientes e inconscientes utilizando una técnica llamada microscopia de excitación de dos fotones, una técnica de proyección de imagen fluorescente que permite la imagen de tejido vivo hasta una profundidad de un milímetro.
 
Cuando los ratones se durmieron, sus células cerebrales en realidad se encogieron, expandiendo los espacios entre ellas en un 60 por ciento. Fue entonces cuando el líquido cefalorraquídeo entró y limpió los desechos y toxinas acumuladas en el cerebro.
 

Sistema glinfático

Durante el sueño, el líquido cefalorraquídeo se bombea alrededor del cerebro y elimina los productos de desecho. El proceso ayuda a eliminar los detritos moleculares que las células del cerebro producen como parte de su actividad natural, junto con las proteínas tóxicas.
 
Este proceso se ve facilitado por el sistema glinfático, una suerte de red de tuberías que conduce el material de desecho fuera del cerebro. Los científicos, que tomaron imágenes de los cerebros de los ratones, demostraron que el sistema glifático se volvió 10 veces más activo cuando los ratones estaban dormidos.
 
Aunque el sistema linfático es responsable de eliminar proteínas extracelulares, exceso de fluido y productos de desecho del metabolismo del tejido periférico, curiosamente, el cerebro y la médula espinal carecen de vasculatura linfática. El sistema glinfático es la razón por la que el tejido nervioso del sistema nervioso central funciona en ausencia de la circulación linfática convencional.
 
Esta red de vasos, pues, es específico del cerebro, ya que el sistema linfático lleva a cabo el lavado de toxinas en el resto del cuerpo, que no puede hacer que sus poderes de limpieza pasen la barrera hematoencefálica. El término de sistema glinfático fue acuñado por la neurocientífica danés Maiken Nedergaard dada la dependencia del sistema en las células gliales.
 
Se cree, de hecho, que la acumulación de productos de desecho en el cerebro conduce a la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. No en vano, uno de los productos de desecho que se extraen del cerebro durante el sueño es el beta amiloide, la sustancia que forma las placas pegajosas asociadas con la enfermedad de Alzheimer.
 
Todavía es solo una hipótesis, pero resulta fascinante que los trastornos del sueño puedan desempeñar un papel clave en el mal de Alzheimer, la enfermedad de Huntington, el mal de Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas.
 
El sistema glinfático también se ha asociado con la enfermedad autoinmune. Los investigadores sabían que el sistema inmunológico tiene un acceso limitado al cerebro. Al mismo tiempo, el sistema inmunológico mantiene un control sobre el estado del cerebro, aunque nadie sabía exactamente cómo. Algunos investigadores teorizan que el sistema glinfático podría ser el conducto de enfermedades como la esclerosis múltiple (en la cual el sistema inmunológico ataca ciertas células del cerebro).

miércoles, 9 de enero de 2019

Hemos empezado a entender el propósito de soñar: es una terapia emocional

Por primera vez, un grupo de investigadores tiene evidencia de que los sueños ayudan a calmar el impacto de los eventos emocionales en nuestras vidas, actuando como una terapia nocturna.
 
El hallazgo plantea la posibilidad de hackear nuestros sueños para impulsar el aprendizaje, la memoria y el bienestar emocional.
 
 

Terapia nocturna

Mark Blagrove de la Universidad de Swansea en el Reino Unido y sus colegas han descubierto que la fuerza emocional de las experiencias que tenemos cuando estamos despiertos están relacionadas con el contenido de nuestros sueños y la intensidad de las ondas cerebrales de nuestros sueños. Los investigadores también descubrieron que los eventos que tenían un mayor impacto emocional tenían mayor probabilidad de incorporarse a los sueños de una persona que las experiencias más neutrales.
 
Durante el sueño REM, la actividad eléctrica en el cerebro oscila a una frecuencia entre 4 y 7 hertzios, generando un tipo de onda cerebral conocida como ondas theta. Normalmente están asociadas con las primeras etapas de sueño, fases 1 y 2. Se generan tras la interacción entre los lóbulos temporal y frontal.
 
 
A la luz de este hallazgo, la intensidad de las ondas theta de una persona se correlacionaba positivamente con experiencias recientes y emocionalmente poderosas.
 
El equipo descubrió que la actividad theta es mayor en las personas que tienen pesadillas frecuentes. Puede ser que esas personas hagan un mayor esfuerzo mental para procesar sus emociones y experiencias durante el sueño. Según Blagrove:
Este es el primer descubrimiento de que las ondas theta están relacionadas con soñar con la vigilia reciente, y la evidencia más sólida hasta ahora de que el sueño está relacionado con el procesamiento que el cerebro está haciendo de los recuerdos recientes. Sabemos que las personas que tienen más sueño REM y una actividad theta más intensa durante el REM son más capaces de consolidar los recuerdos emocionales. Si intentamos hackear nuestros sueños aumentando artificialmente las ondas theta, esto podría llevar a la incorporación de más experiencias de vigilia en nuestros sueños. Esto podría ayudarnos a aprender mejor
Las neuronas se valen de las ondas cerebrales para separar lo importante de lo secundario en los procesos cognitivos. Usan las diferentes frecuencias de las ondas cerebrales para clasificar la información antes de hacerla llegar a las células nerviosas que toman las decisiones. Así pues, las técnicas que aumentan las ondas theta durante el sueño también podrían abrir la puerta para mejorar nuestra capacidad de almacenar recuerdos.